Orgullosos de sus padres

9/02/2012

Orgullosos de sus padres

Un hijo se enorgullece de que sus padres sean capaces de hacer cosas grandiosas.

Por ejemplo, oponerse a una inmunda asignatura totalitarista como Educación para la Ciudadanía.
Se doblegaron la mayoría de los padres. Se doblegaron muchos religiosos. Se doblegaron, aymé, aparentemente un buen grupo de obispos.
Pero algunos padres prefirieron romperse a doblegarse.

Y es que en EpC no estaba sólo en juego, como pretendían algunos, ciertos contenidos de la asignatura. Lo que se discutía era si el Estado tiene derecho -o no- a vulnerar la libertad de conciencia de los padres.

Quienes mangonearon para chapucear el asunto y que “a ellos” se les respetara lo que les queda de ideario hicieron un flaco favor al resto de la comunidad educativa, aunque se hayan justificado ante su conciencia. Ya dice la Escritura “La prostituta se enjuaga la boca y dice: no he pecado”. Cambiaron los temarios de sus centros, pero transmitieron el mensaje incorrecto: el Estado puede vulnerar la conciencia de los hijos de los demás, mientras a nosotros nos deje tranquilos.

De los padres que prefirieron la comodidad a la decencia, de quienes levantan la ceja cuando a sus hijos preadolescentes les dan bolsas de lubricante para el sexo anal en las escuelas -las charlas son más crudas que esta frase- pero no son capaces de levantar el teléfono para protestar… de esos padres no diré nada.

De los otros, de los héroes y de sus hijos… tampoco diré nada.
Otros lo han hecho mejor: A mis hijos, después de EpC.
Yo sólo añado: Gracias.
Os lo habéis tomado en serio.
Habéis combatido bien el combate.
Habéis mantenido la fe.
Habéis llorado y sufrido.
Merecéis nuestro homenaje
Sois el orgullo de vuestros hijos.

Todo era bueno

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2 comentarios

  1. Xiomara

    ¿Quién dice que no hay soledad con gloria cuando esta la otorga la conciencia?
    ¡Bendita, pues!

  2. Juan Manuel Escribano

    Si (Rudyard Kipling)

    Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor
    todos la pierden y te echan la culpa;
    si puedes confiar en tí mismo cuando los demás dudan de tí,
    pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda;
    si puedes esperar y no cansarte de la espera,
    o siendo engañado por los que te rodean, no pagar con mentiras,
    o siendo odiado no dar cabida al odio,
    y no obstante no parecer demasiado bueno, ni hablar con demasiada sabiduria…

    Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen;
    si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
    si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso (desastre)
    y tratar a estos dos impostores de la misma manera;
    si puedes soportar el escuchar la verdad que has dicho:
    tergiversada por bribones para hacer una trampa para los necios,
    o contemplar destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida
    y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas…

    Si puedes hacer un hato con todos tus triunfos
    y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,
    y perder, y comenzar de nuevo por el principio
    y no dejar de escapar nunca una palabra sobre tu pérdida;
    y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos
    a servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza,
    excepto La Voluntad que les dice “!Continuad!”.

    Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud
    o caminar entre Reyes y no cambiar tu manera de ser;
    si ni los enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte,
    si todos los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado;
    si puedes emplear el inexorable minuto
    recorriendo una distancia que valga los sesenta segundos
    tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
    y lo que es más, serás un hombre, hijo mío.

    Con estas geniales palabras,queda ya dicho todo

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